Un profesor le pidió a ChatGPT que analizara una novela clásica y el resultado expuso los límites de la IA en el aula

Mientras las universidades siguen debatiendo si prohibir o no la inteligencia artificial en las aulas, Billy Stratton, profesor de literatura en la Universidad de Denver, decidió probar algo distinto: en vez de pelear contra ChatGPT, lo metió de lleno en la clase para que sus alumnos vieran con sus propios ojos qué tan bien, o mal, entiende un texto.
La IA no tiene experiencia encarnada: por más que junte patrones de texto, no puede ponerse en el lugar de un personaje que no puede hablar.
El experimento fue con El corazón es un cazador solitario, la novela de Carson McCullers de 1940. Stratton pidió a sus estudiantes que le hicieran preguntas a ChatGPT sobre el clima emocional de una escena puntual. La respuesta del chatbot fue genérica, algo así como la atmósfera es desoladoramente solitaria y parece suspendida en el tiempo, una frase que podría aplicarse a cualquier novela triste sin decir nada concreto sobre esta en particular. Peor todavía, la IA confundió un colectivo con un tren y no captó la complejidad de la separación entre dos personajes sordos, un detalle central de la trama.
Cuando le pidió que escribiera una escena nueva, el chatbot cometió un error más grave: hizo hablar a John Singer, uno de los protagonistas, que en la novela es sordo y se comunica por señas. Para Stratton, esa falla muestra que la IA no tiene experiencia encarnada, así que por más que junte patrones de texto no puede ponerse en el lugar de un personaje ni entender lo que implica no poder hablar.
El profesor no plantea prohibir estas herramientas. Lo que le preocupa es otra cosa: cuando los estudiantes delegan el trabajo de pensar una escena o interpretar un texto, dejan de ejercitar la imaginación y la lectura atenta, habilidades que ningún modelo actual puede reemplazar por más que sus respuestas suenen convincentes.


