Data centers en la Patagonia: la carrera millonaria por la IA que va más rápido que la regulación ambiental
Neuquén y Chubut se transformaron en el nuevo tablero de las tecnológicas que buscan dónde meter sus próximos megacentros de datos para inteligencia artificial. En las últimas semanas se acumularon anuncios por decenas de miles de millones de dólares, y todos apuntan al mismo combo de recursos: viento patagónico, agua de deshielo y gas de Vaca Muerta como respaldo.
El atractivo de la región es concreto: temperaturas bajas que abaratan la refrigeración, generación eólica e hidroeléctrica de sobra y terrenos a precio bajo.
Pampa Energía avanza con un proyecto de hasta 500 MW pegado a la central térmica de Loma de la Lata, en Neuquén, con una inversión en infraestructura eléctrica que ronda los 900 millones de dólares. A pocos kilómetros, la estadounidense FlexDomes busca inversores para un campus con una primera etapa de 120 MW, con un desembolso calculado en 1.400 millones. Y el proyecto más grande de todos, el de OpenAI junto a la local Sur Energy, sigue eligiendo terreno para una planta que podría demandar hasta 500 MW y 25.000 millones de dólares de inversión.
En Chubut la apuesta viene de Polonia: la firma Green Capital ya arrendó cerca de 500 millas cuadradas de campo en las afueras de Trelew para levantar parques eólicos y solares propios que alimenten un centro que arrancaría en 300 MW y podría escalar hasta 3 GW, con 3.000 millones de dólares de inversión.
El atractivo de la región es concreto: temperaturas bajas que abaratan la refrigeración, generación eólica e hidroeléctrica de sobra y terrenos a precio bajo. El problema es que la regulación no viene al mismo ritmo que los anuncios. La propia Secretaría de Ambiente de Neuquén admitió que todavía no existen normas específicas para estos proyectos, y el sitio de fact-checking Chequeado calculó que un data center de esta escala puede llegar a consumir más de 2,5 millones de litros de agua al año por cada megavatio instalado, en una zona donde el agua ya se reparte entre el fracking de Vaca Muerta y las comunidades mapuches. Brasil y Chile, en cambio, ya tienen regímenes que exigen un piso de energía renovable para este tipo de emprendimientos.



