Una startup sueca compró la tecnología de reciclaje de baterías de Northvolt y ya tiene su primer cliente en EE.UU.

Una startup sueca compró la tecnología de reciclaje de baterías de Northvolt y ya tiene su primer cliente en EE.UU.

Cuando Northvolt quebró el año pasado, se llevó puesta buena parte de la esperanza europea de competir con Asia en baterías. Pero algo de ese know-how sobrevivió: un grupo de ex ejecutivos de Revolt, la división de reciclaje de la empresa, armó una compañía nueva llamada Refinyx y acaba de salir del modo sigiloso con una jugada fuerte.

“Más allá del dato puntual, la historia confirma algo que se viene viendo en la economía circular de la tecnología: la propiedad intelectual de reciclaje puede sobrevivir a la empresa que la creó, y terminar en manos de jugadores más chicos y más rápidos para licenciarla a escala global.”

Refinyx, con base en Estocolmo, compró un paquete de 134 patentes de reciclaje de baterías más una planta piloto de unos 1.200 metros cuadrados en Västerås. Es la tecnología que Northvolt tardó ocho años y tres generaciones en desarrollar, y que llegó a funcionar a escala industrial en una planta en Skellefteå. El proceso recupera níquel, cobalto y litio de baterías en desuso sin usar solventes orgánicos, y evita los pasos de refinado intermedio que hoy obligan a varias recicladoras occidentales a mandar el material a medio procesar hasta Asia para terminarlo ahí.

La idea de negocio no es que Refinyx construya y opere sus propias plantas, sino asociarse con operadores industriales que ya tienen la infraestructura y ponerles la tecnología encima. Ese modelo modular es justamente lo que les permitió firmar, en el mismo anuncio, a su primer gran cliente en Estados Unidos, aunque todavía no dijeron quién es ni de qué tamaño es el contrato.

Atrás del proyecto está Qarlbo Energy, un vehículo de inversión sueco vinculado a Conni Jonsson (el fundador de la firma EQT) y a intereses de las Fundaciones Wallenberg, que va a tener un rol activo como accionista. Refinyx ya habla de sumar tierras raras y fósforo a su lista de materiales a recuperar, dos insumos cada vez más disputados por la industria de semiconductores y baterías.

Más allá del dato puntual, la historia confirma algo que se viene viendo en la economía circular de la tecnología: la propiedad intelectual de reciclaje puede sobrevivir a la empresa que la creó, y terminar en manos de jugadores más chicos y más rápidos para licenciarla a escala global.

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