
Los centros de datos van a duplicar su consumo de energía: así intenta la industria contenerlo
Cada búsqueda, cada video que mirás, cada consulta a un asistente de IA pasa por un centro de datos en algún lugar del mundo. Y ese consumo tiene un costo energético que dejó de ser un detalle técnico para convertirse en un problema de escala: se estima que para 2026 el consumo de energía de los centros de datos se va a duplicar respecto a años anteriores.
La magnitud del problema
El sector de tecnologías de la información y comunicación genera de forma directa hasta el 4% de las emisiones globales de CO2, un porcentaje similar al de toda la industria de la aviación. La demanda de los centros de datos es tan grande que el sector TIC consume actualmente hasta el 10% de la electricidad mundial: si fuera un país, solo Estados Unidos y China consumirían más energía.
Refrigeración: el frente donde más se está innovando
La refrigeración tradicional por aire está quedando atrás. Los centros de datos de punta en 2026 están migrando a sistemas de inmersión en fluidos dieléctricos, que permiten meter más capacidad de cómputo en el mismo espacio mientras reducen el consumo energético del sistema de enfriamiento hasta en un 90%. El estándar PUE (una medida de qué tan eficiente es un centro de datos en el uso de energía) dejó de ser un dato opcional para convertirse en un requisito casi normativo: los centros más avanzados ya alcanzan ratios cercanos a 1.1, un número que hace pocos años era prácticamente inalcanzable.
Un ejemplo cerca nuestro
En Lurín, Perú, el Data Center de Gtd arrancó su primera fase con una inversión de USD 13 millones y 2MW de potencia operativa, proyectando llegar a 20MW en cuatro etapas. Con soluciones de Schneider Electric para distribución eléctrica y climatización, el proyecto logró reducir un 30% la necesidad de refrigeración, una muestra de que este tipo de eficiencia ya se está aplicando en infraestructura latinoamericana, no solo en los países con más recursos.
El otro problema: qué hacer con el hardware viejo
Más allá de la energía, los centros de datos generan su propia montaña de residuos electrónicos cuando el hardware queda obsoleto, algo que pasa cada vez más rápido dado el ritmo de innovación del sector. La tendencia que gana terreno acá es la renovación de equipos en lugar del reemplazo directo: reacondicionar componentes en vez de descartarlos extiende la vida útil del hardware y evita que termine en un vertedero, además de reducir el llamado “carbono incorporado” (las emisiones generadas durante la fabricación de cada componente, que representan hasta un 24% de la huella total de un centro de datos, incluso antes de procesar el primer dato).
Quién está liderando este cambio
Países como Suecia, Suiza y Singapur ya tienen centros de datos que operan neutros en carbono, apoyados en energías renovables (solar, eólica, hidráulica) y sistemas de gestión inteligente que optimizan el rendimiento con menor huella. Grandes tecnológicas como Google, AWS y Microsoft anunciaron compromisos de carbono negativo para la próxima década, aunque el desafío de escala sigue siendo enorme frente al crecimiento explosivo de la demanda de cómputo que trae la IA.
Por qué importa, aunque no administres un data center: cada vez que una empresa local contrata hosting o servicios en la nube, está eligiendo indirectamente qué tan sustentable es la infraestructura que sostiene ese servicio. Es un criterio que empieza a pesar en las decisiones de compra de clientes corporativos más grandes, y probablemente vaya ganando peso en los próximos años.


