Cuando las gigantes de la IA se atan al mástil
Mientras en la Argentina la palabra “desregular” se volvió sinónimo de progreso, las empresas que manejan la tecnología más rentable del momento hacen exactamente lo contrario: se ponen límites a sí mismas. Esa es la contradicción que plantea el columnista Joan Cwaik en Perfil, y vale la pena pararse a pensarla.
Un juez federal en California le dio la razón a Anthropic, la empresa detrás de Claude, cuando el Pentágono la catalogó como “riesgo para la cadena de suministro” después de que la compañía se negara a entregarle una versión de su IA sin las condiciones que ella misma impone: nada de armas autónomas, nada de vigilancia masiva.
El ejemplo más concreto es jurídico. Un juez federal en California le dio la razón a Anthropic, la empresa detrás de Claude, cuando el Pentágono la catalogó como “riesgo para la cadena de suministro” después de que la compañía se negara a entregarle una versión de su IA sin las condiciones que ella misma impone: nada de armas autónomas, nada de vigilancia masiva. El fallo calificó la represalia del gobierno de ilegal e infundada. Es un dato raro: una empresa que le dice que no a su cliente más grande, y gana en la Justicia por eso.
Cwaik lo cruza con el lanzamiento de GPT-6, que salió al mercado con trabas que OpenAI se puso por decisión propia, y arma la metáfora central de la columna: la de Ulises atándose al mástil para no caer ante el canto de las sirenas. Cita al filósofo Jon Elster para hablar de autorrestricción racional, esa idea de resignar algo hoy para no arruinarlo todo después.
La pregunta que deja picando es la de fondo: si las mismas empresas que crean estas tecnologías eligen ponerles freno, ¿qué es lo que ven ellas que todavía el resto no termina de tomar en serio? En un país que asocia cualquier límite con atraso, la columna invita a pensarlo distinto.



